La pérdida auditiva, o hipoacusia, es uno de los problemas de salud más comunes y, sin embargo, uno de los que más se tarda en atender. Te explicamos qué es, por qué aparece, qué tipos existen y cuándo conviene actuar.
La pérdida auditiva, conocida en términos médicos como hipoacusia, es la disminución de la capacidad de oír. Puede ser desde leve, cuando cuesta seguir conversaciones en ambientes ruidosos, hasta profunda, cuando apenas se perciben los sonidos. Es una de las condiciones de salud más frecuentes: se estima que afecta a uno de cada cinco adultos, y su incidencia aumenta con la edad.
La hipoacusia puede afectar a un solo oído (pérdida unilateral) o a los dos (pérdida bilateral), y puede aparecer de forma gradual a lo largo de los años o de manera repentina. Lo más importante que debes saber es que, cuanto antes se detecta, más sencillo es ponerle solución.
Un dato importante: de media, una persona tarda entre 7 y 10 años desde que nota los primeros síntomas hasta que acude a un centro auditivo. Ese retraso dificulta la adaptación posterior. Por eso, ante la mínima sospecha, lo recomendable es hacerse una revisión auditiva.
Los síntomas de la pérdida auditiva dependen del tipo, el grado y la causa, pero hay señales muy reconocibles. Si te identificas con varias de estas situaciones, es recomendable que te hagas una revisión auditiva:
La pérdida auditiva puede tener muchas causas distintas. Las más frecuentes son:
El envejecimiento. Con la edad, las células del oído interno se deterioran de forma natural. Es la causa más común de pérdida auditiva en personas mayores y se conoce como presbiacusia.
La exposición al ruido. El ruido intenso o prolongado (entornos laborales, música a alto volumen, maquinaria) daña de forma irreversible las células auditivas. Es una causa cada vez más frecuente, también en personas jóvenes.
Factores hereditarios. Algunas pérdidas auditivas tienen un componente genético y pueden manifestarse en distintos momentos de la vida.
Infecciones, tapones de cera u otras causas tratables. Algunas pérdidas son temporales y reversibles, como las provocadas por un tapón de cerumen o una otitis. Por eso una revisión profesional es importante: no toda pérdida auditiva es permanente.
Según la parte del oído afectada, la hipoacusia se clasifica en tres tipos principales:
Es la más común. Se produce cuando hay un daño en el oído interno (la cóclea) o en el nervio auditivo. Suele ser permanente y es la que aparece con la edad o por exposición al ruido. La buena noticia es los audífonos son un apoyo muy eficaz para mejorar la audición.
Ocurre cuando el sonido no se transmite bien a través del oído externo o medio, por ejemplo por un tapón de cera, una otitis o un problema en el tímpano. En muchos casos es tratable médicamente y reversible.
Combina las dos anteriores: hay un componente neurosensorial y otro conductivo a la vez. El tratamiento depende de cada caso y requiere una valoración individualizada.
Pérdida unilateral y bilateral
Además, la pérdida auditiva puede afectar a un solo oído (unilateral) o a ambos (bilateral). Lo más habitual es que afecte a los dos oídos en mayor o menor grado, aunque no siempre por igual.
La única forma de saber con certeza el tipo y el grado de tu pérdida auditiva es con una revisión profesional. En MBO la valoración siempre es gratuita y sin compromiso.
La intensidad de la pérdida auditiva se mide en decibelios (dB) y se clasifica en cuatro grados generales. Conocer el grado es fundamental para elegir la solución adecuada:
Cuesta oír sonidos suaves o seguir conversaciones en ambientes ruidosos. Muchas veces pasa desapercibida.
Es difícil seguir una conversación normal sin ayuda. Se empieza a notar de forma clara en el día a día.
Solo se perciben sonidos muy fuertes. La comunicación sin audífonos es muy complicada.
Apenas se perciben sonidos. Requiere soluciones auditivas avanzadas, como audífonos potentes y, en algunos casos, implantes.
Preguntas frecuentes
Depende del tipo. Las pérdidas conductivas (por tapón de cera, otitis u otras causas tratables) suelen ser reversibles. Las pérdidas neurosensoriales, que son las más comunes y las asociadas a la edad o al ruido, no se curan, pero pueden mejorar significativamente la audición con audífonos, facilitando la capacidad de oír y comunicarse con normalidad.
Las señales más habituales son subir el volumen de la televisión, pedir que te repitan las cosas, tener dificultad para seguir conversaciones con ruido de fondo o notar pitidos en los oídos. La única forma de confirmarlo con certeza es con un estudio audiológico completo, que es rápido, indoloro y, que en MBO, es gratuito.
Algunas pérdidas auditivas tienen un componente genético y pueden transmitirse de padres a hijos. Sin embargo, la mayoría de los casos en adultos se deben al envejecimiento o a la exposición al ruido a lo largo de la vida, no a factores hereditarios.
Sí, existe la pérdida auditiva súbita o repentina, que aparece en horas o pocos días, normalmente en un oído. Debe tratarse como una urgencia médica: si notas que dejas de oír de golpe, acude cuanto antes a un especialista, porque actuar en las primeras 48-72 horas es clave para la recuperación.
A partir de los 50-55 años es recomendable hacerse una revisión auditiva periódica, aunque no se noten síntomas, igual que se hace con la vista. Si hay antecedentes familiares o exposición habitual al ruido, conviene empezar antes. La revisión en MBO es gratuita.
Si te identificas con alguno de los síntomas de pérdida auditiva, el primer paso es sencillo y no tiene ningún coste: hacerte un estudio audiológico completo. Una audiometría completa permite saber con exactitud si hay pérdida, de qué tipo es y en qué grado, y a partir de ahí valorar la mejor solución para tu caso.
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